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Grecia es el Ecuador de Europa. Tiene un Gobierno que gasta sin miedo y que no ha mostrado probidad en el manejo de la deuda externa. Las estadísticas oficiales no son confiables. Se dan aumentos salariales sin considerar la evolución de la productividad. Utiliza una moneda dura, que no puede devaluar a su gusto. Y tiene una inflación superior a la de los países que utilizan esa moneda. Resulta que la economía griega está en aprietos. En plena recesión, el Gobierno tiene que reducir su gasto, subir los impuestos y recortar los honorarios de la burocracia. Es el resultado de no haber aplicado las políticas fiscales y laborales necesarias para sacar provecho y evitar los riesgos de un medio sin autonomía monetaria.
Si bien en Europa y en el Ecuador se tuvo conciencia de la necesidad de implementar reglas básicas al adoptar el euro y el dólar, respectivamente, tanto griegos como ecuatorianos carecieron de la responsabilidad para cumplirlas.
El Pacto de Estabilidad y Crecimiento de 1997 dispuso que toda nación que utilice el euro como moneda oficial no debería tener un déficit fiscal superior al 3% del PIB ni una deuda pública que exceda el 60% del PIB. No obstante, el déficit fiscal de Grecia correspondió casi al 13% del PIB en 2009 y su deuda pública equivale al 125% del PIB.
Por su parte, en el Ecuador la Ley de Transformación Económica expedida en 2000 estableció un tope del 2,5% del PIB al déficit fiscal y aprobó la contratación laboral por horas. La Ley de Responsabilidad Fiscal expedida en 2002 fijó un límite del 3,5% anual al crecimiento real del Presupuesto y creó un fondo que permitiría aumentar el gasto público en períodos adversos. Sin embargo, no solo que no se cumplieron aquellas normas elementales, sino que se las derogó.
El desmesurado gasto fiscal de Grecia y del Ecuador, además de dejar a sus gobiernos sin recursos para afrontar momentos adversos, provocó mayor inflación. Así se comprometió a los sectores productivos, ya que, al no poder devaluar la moneda, se volvió más atractivo importar que comprar los caros productos nacionales. Esa pérdida de competitividad fue rematada con incrementos salariales que no reflejaban aumentos de la productividad.
Para colmo, ambos países han aplicado una contabilidad nacional ‘creativa’, que permite ocultar parte de la deuda adquirida. El préstamo que China otorgó al Ecuador el año pasado, que no se contabilizó como préstamo, tiene sus mellizos griegos.
Grecia empieza a vivir un duro período de ajuste, que se hubiera evitado sin el derroche y la negligencia gubernamental. En Europa se habla de la creación de un fondo de emergencia y de la necesidad de cumplir las reglas fiscales, además de flexibilizar la legislación laboral. Que el dolor ajeno nos sirva para evitar el propio.
* Artículo publicado por Diario El Comercio, Quito – Ecuador. February 18, 2010.
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