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Como periodista tengo un mandato de imparcialidad, no voy a comprometerme con ninguna postura en especial. Como mexicano que soy, me tocó vivir tanto personal, como profesionalmente la propia negociación de México del “Tratado de Libre Comercio de América del Norte” pues fue realizado con EE.UU. y Canadá e iniciado el 1 de enero de 1994, es decir hace más de 10 años. México se aventó al precipicio solo, pues no tenía ejemplo alguno, lo cual lo diferencia de Centroamérica, Chile o inclusive Ecuador, países que han tenido y tienen (en el caso de Ecuador) puntos referenciales para sacar lo bueno y malo del asunto.
¿Qué es lo que otorga un TLC, cuáles son sus objetivos? Reducir la vulnerabilidad de las exportaciones ante medidas unilaterales y discrecionales. Fortalecer la industria nacional, mediante un sector exportador sólido y competitivo. Tener un acceso permanente y seguro de exportaciones mediante la disminución total pero paulatina de aranceles y barreras no arancelarias; y con mecanismos establecidos para la solución de controversias. Canadá era un país bastante desconocido para México en ese momento, pero sin duda alguna, una de las más grandes potencias económicas del mundo. Con el TLC, Canadá se convirtió en el segundo mercado para los productos mexicanos y México es el tercer socio de Canadá, después de EE.UU. y Japón. Algunas cifras oficiales al cierre del 2003: Entre 1994 y el 2003, el crecimiento promedio anual del comercio total entre México, Estados Unidos y Canadá ha sido de 8,1%. Lo que quiere decir que en esos 10 años, el comercio aumentó el 117%, en trescientos treinta y siete mil millones de dólares para un total superior a los seiscientos veintiséis mil millones de dólares en el 2003. ¿Qué significan estas cifras para un país en vías de desarrollo, un país latinoamericano, como lo es México? Desde la entrada en vigor del TLC de América del Norte hasta el 2003, el intercambio de bienes entre México y Canadá creció en un 216%. Acerca de las exportaciones a Canadá, en el 2003 México vendió ocho mil setecientos millones de dólares, 202% más que en 1993 y 7,4% más que las del año anterior (2002). Estados Unidos siempre fue y ha sido el socio comercial número uno de México y toda América Latina. Desde que se inició el TLC, el comercio bilateral (México-EE.UU.) se casi triplicó, incrementando una tasa promedio anual de 11,1%. México es hoy el tercer mercado más grande para los productos estadounidenses. En el 2003 el comercio bilateral fue de más de doscientos cuarenta y tres mil millones de dólares, un incremento del 186% respecto a 1993 y del 1% al año anterior (2002). En el 2003, México exportó a EE.UU. ciento treinta y ocho mil cien millones de dólares. El ritmo de crecimiento de las exportaciones mexicanas a EE.UU. ha sido superior a las procedentes del resto del mundo. Sin embargo, durante el 2003 China superó a México en las participaciones estadounidenses, con lo cual México pasó a ser el tercer proveedor a EE.UU., tendencia que se mantiene hasta ahora. A pesar de esto, México incrementó su participación en el total de las importaciones estadounidenses, de 6,9% (en 1993) a 11% (en el 2003). Es decir, que más de uno de cada diez dólares que EE.UU. gasta en el exterior, lo hace en productos mexicanos. Del total de lo que México exporta a EE.UU., un 12% es de automóviles y de productos automotrices; 7% de máquinas automáticas para tratamientos de procesamientos de datos, etc. La base industrial que se ha montado en la economía mexicana a partir del TLC es impresionante. Obviamente, se exportan muchísimas artesanías, tortillas, entre otros; pero también se ha sofisticado bastante la base industrial para sacar provecho de este tratado de libre comercio. Hablando de las importaciones, del poder de compra de México, en el 2003 importamos de EE.UU. ciento cinco mil seiscientos millones de dólares, es decir 2,3% más que en 1993. Referente a la inversión extranjera, la certidumbre en el acceso a mercados de EE.UU. y Canadá que brinda el TLC, ha hecho incrementar las oportunidades de inversión en México para las empresas (tanto mexicanas como extranjeras). EE.UU. es la principal fuente de inversión extranjera directa para México. Entre 1999 y el 2003 se invirtieron ochenta y un mil millones de dólares, de los cuales el 43% se fue al sector servicios (hoteles); el 40% se fue a la industria manufacturera, es decir, a la diversificación y sofisticación de la planta productiva de México. Resultados concretos: México se convirtió en la octava potencia comercial mundial y por supuesto, la primera de América Latina. Del total de todas las exportaciones de América Latina, el 44% son mexicanas. México representa la mitad de las importaciones, de todo lo que América Latina importa, el 49% lo hace México. En diez años México triplicó sus exportaciones (entre 1993 y el 2003) de cincuenta y un mil novecientos millones de dólares a ciento sesenta y cuatro mil novecientos millones. Mientras que sus importaciones se incrementaron a un 161% (de sesenta y cinco mil cuatrocientos millones de dólares a ciento setenta mil). En el 2003, México fue el tercer receptor de inversión extranjera directa entre los países en desarrollo y el primero en América Latina. Las cifras citadas, hablan por sí solas y vienen acompañadas de cientos de miles de mexicanos empleados para trabajar sobre esta base exportadora. Obviamente, no se puede hablar de esta envergadura de números sin pensar en el cambio que México ha sufrido en su infraestructura. México es tan latinoamericano como siempre lo ha sido; no crean que ya todos estamos hablando inglés y se nos está olvidando el español o que nos estamos pintando el cabello de rubio; para nada seguimos siendo un país orgullosamente latinoamericano y por ende tenemos los mismos problemas que sufre cualquier país latinoamericano. Lo que si es una realidad es lo que se observa cuando se está en México; por ejemplo las supercarreteras que unen las principales ciudades mexicanas; los puertos; las terminales de contenedores que existen, tanto en el Golfo como en el Pacífico; los parques industriales; la inversión extranjera directa funcionando. Obviamente, aún falta mucho por hacer. Al igual que Ecuador y muchos otros países, al momento México también se encuentra en una etapa electoral y quizás a diferencia de Ecuador, México tiene una izquierda muy pequeña pero muy recalcitrante; es una izquierda muy cercana -ideológicamente y también en todos los sentidos- a Fidel Castro y a Hugo Chávez, una izquierda ultra que tiene muchas posibilidades de entrar al poder, como la de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, a pesar de todas las retóricas de López Obrador y de la izquierda mexicana, el TLC está incuestionable, no hay crítica alguna al respecto. Es cierto que el TLC no ha resuelto todos los problemas, es tan solo un instrumento, una herramienta; pero, difícilmente se escucha a persona alguna decir que por el TLC se tienen tales y tales problemas. El año de la última crisis fue 1994, año en el cual se dio una guerrilla y una macro crisis económica; pero también se estrenó el TLC, con lo cual México ha crecido de manera sostenida y positiva, pasando a democracia “total y plena”. ¿Qué es lo que hay que perder o qué más mal podemos estar sin un TLC? Creo que no hay mucho que perder. Pienso que el “peor de los casos” es quedarnos igual; sin embargo, con las cifras analizadas, el único camino posible con un TLC es irnos para arriba.
* Lcdo. Alberto Padilla, Periodista de CNN. Artículo publicado en revista MiPYMES Ene - Feb 2006. Año 4 #19.
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