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Ecuador es un país 14 veces más grande que El Salvador, la costa ecuatoriana es 9 veces más que el tamaño de la nuestra y finalmente, está dotado de recursos naturales mientras que El Salvador no tiene absolutamente ningún recurso natural (petróleo, gas natural o cualquier otro) al cual se le pueda echar mano. Sin embargo, también tenemos ciertas semejanzas, tales como: la economía salvadoreña está dolarizada al igual que la ecuatoriana, Ecuador tiene un alto grado de vulnerabilidad a los desastres naturales y El Salvador también (en 2001 con un mes de diferencia El Salvador fue destruido por dos terremotos), tenemos intereses estratégicos muy parecidos con respecto a la relación bilateral con los EE.UU., El Salvador es el tercer punto de importancia para el combate al narcotráfico, y al igual que Manta, también tenemos una base norteamericana para monitorear este tema.
En el caso de El Salvador no tenemos otra opción que apostar a la libertad económica, libertad individual y la apertura. No podemos basar nuestro desarrollo económico en ventajas comparativas que no tenemos, en el tamaño territorial o en pensar que debajo de nuestro suelo hay oro, cobre o riqueza natural; por lo que nos obliga a pensar en un proceso de desarrollo basado en las ventajas competitivas. En nuestro caso, el TLC con EE.UU. fue negociado junto con la República Dominicana y 5 países más de Centroamérica. Este acuerdo de libre comercio ya fue aprobado por nuestros respectivos Congresos y actualmente nos encontramos en un proceso de finalización de los detalles para la proclamación presidencial (Casa Blanca) en la cual se indique que El Salvador, junto con los demás países de Centroamérica están listos para poner en vigencia el TLC. Esperamos que esté listo esto a partir del 1 de marzo de este año. Para llegar a este punto, se requiere de mucho trabajo y esfuerzo; creo que si Ecuador quiere estar “dentro del TLC” tiene que trabajar mucho para tener un beneficio similar. ¿Por qué el TLC con EE.UU. es importante para un país como El Salvador? En primer lugar, porque El Salvador tiene como su principal socio comercial a los EE.UU. y cada país centroamericano individualmente, así como la región en su conjunto, también tienen a los EE.UU. como su principal socio. De cada dólar que El Salvador exporta, cincuenta y cinco centavos van a los EE.UU.; y, de cada dólar que El Salvador importa, sesenta y cinco centavos se los compra a los EE.UU.; es decir la relación es evidente. Si tomamos en cuenta a la región centroamericana y a República Dominicana en su conjunto, estos 6 países son el doceavo socio comercial más importante de los EE.UU. El volumen de comercio entre EE.UU y la región centroamericana y la República Dominicana sobrepasa los 35 billones de dólares, es decir, un volumen de comercio superior al que los EE.UU. tiene con Rusia, India e Indonesia, combinadamente; esta es una realidad que no se puede negar. Cuando los críticos del TLC me preguntan el motivo por el cual negociamos un acuerdo comercial con EE.UU que es mil veces más grande que El Salvador y que es una potencia económica fuerte, les pregunto ¿con quién quieren que negociemos, acaso con Burundi, Haití o Etiopía? Los acuerdos de libre comercio se negocian con quien tiene sentido y propósito comercial y económico, y es lógico que se negocie con su principal socio comercial, en este caso EE.UU.; pues brindaría oportunidades de acceso a un mercado de más de once mil trillones de dólares. Lo importante es magnificar las oportunidades de acceso a ese mercado y las repercusiones económicas para los países que deciden tener un acuerdo de libre comercio con este país. Otras de las razones muy propias que El Salvador usó para negociar el TLC fue que existen más de dos millones y medio de salvadoreños viviendo en EE.UU, que constituyen aproximadamente el 25% de nuestra población. En EE.UU. tenemos una de las colonias más grandes, que aportan a la economía salvadoreña tres mil millones de dólares en efectivo todos los años. Las llamadas “remesas familiares” constituyen el 16,6% del PIB salvadoreño. Entonces, es lógico negociar un acuerdo de libre comercio cuando un cuarto de su población vive en el país con el que se está negociando. Pero no solamente existen más de dos millones y medio de salvadoreños en EE.UU. sino que hay casi siete millones de centroamericanos, más los dominicanos. No todos los países tienen la oportunidad de tener prácticamente un país dentro del Estado más desarrollado del mundo. Entonces, es obvio pensar que con una comunidad tan grande de nuestros países en los EE.UU. se deba tener un acercamiento económico, político y comercial. Sin embargo, también hay que pensar que el potencial de productos salvadoreños y centroamericanos que pueden exportarse al mercado estadounidense por sí mismo justificaría tener un TLC. Las grandes empresas no necesitan un TLC para exportar, pues poseen departamentos de comercialización, distribución y mercadeo que actúan mejor que cualquiera de nuestros gobiernos para promover exportaciones e inversiones. Las que necesitan el aporte y las transformaciones que un TLC puede traer consigo para exportar, son las pequeñas empresas. La pregunta común de los microempresarios es: ¿Qué vamos a exportar a los EE.UU. si este país es más grande y produce economía de escala? Pues les respondo: “Exportemos coca cola”. Conozco empresarios salvadoreños que exportan coca cola a los EE.UU. porque descubrieron un nicho de mercado. Al centroamericano que vive en EE.UU. le gusta la cola cola embotellada, no la enlatada. Ahí tenemos a muchos pequeños y medianos empresarios salvadoreños que ya exportan coca cola a los EE.UU. Creo que el gran reto de un TLC es que cada uno de los habitantes, si están interesados en exportar a los EE.UU., agudicen sus sentidos y ponga su sensibilidad empresarial al máximo. A mi juicio, sin un TLC es inconcebible que las microempresas tengan siquiera la oportunidad de aspirar a exportar a este país. Las microempresas salvadoreñas, no solo exportan coca cola, sino también iguanas congeladas, pupusas (una especie de arepa al estilo Maya, comida típica nacional de El Salvador), pan dulce, quesos tradicionales, cakes, frutas tropicales, entre otros. En este sentido, el TLC fortalece este acercamiento entre nuestro mercado étnico y los productores locales de mi país. Otro motivo es porque el DR-CAFTA (DR por República Dominicana y CAFTA por los países de Centroamérica) implica también un salto cualitativo al desarrollo. No solamente genera mayores oportunidades de empleo, ingresos o inversión, sino que le da un sentido de coherencia a las reformas económicas, políticas y sociales que mi país ha venido poniendo en práctica en los últimos 20 años. Efectivamente, el TLC no es una “bala de plata” que lo resuelve todo y puede convertir a nuestros países en desarrollados instantáneamente. Sin embargo, le puede dar sentido de coherencia y de integralidad a los esfuerzos económicos, políticos y sociales de los diferentes programas que hemos impulsado en los últimos 20 años en El Salvador. Nosotros empezamos a buscar un TLC con EE.UU. en 1993 y recién lo concretizamos en el 2006, fue una decisión de política económica y de Nación. Nos tomó prácticamente 14 años llegar a tener en vigor el TLC con los EE.UU. ¿Por qué? ¿Acaso porque creíamos que el TLC nos iba a ahorrar todos los esfuerzos internos que teníamos que hacer o por sí mismo nos iba a convertir en más desarrollados? NO, simplemente porque era parte de una visión que empezamos a adquirir en 1993. Plasmado en el Plan Nación, titulado: “El Salvador XX-XXI” similar al que tiene Indonesia, Singapur, Taiwán o Japón. Este último país ya está planificando su desarrollo dentro de 80 años. Si actualmente decide viajar al Japón y se reúne con los principales constructores de la visión de lo que Japón quiere ser, se dará cuenta que ellos no están pensando en si van a cerrar un TLC o no, sino que están pensando en las transformaciones que necesitarán para el 2180. Es increíble como los TLC’s pueden convertirse en un salto cualitativo de desarrollo si se los acompaña de una visión. No teniendo territorio, ni recursos naturales, no nos queda otro remedio que abrirnos a la libertad empresarial, económica e individual y construir un país basado en ventajas competitivas. Nuestra aspiración es convertir a El Salvador en el Singapur de Centroamérica, un país de 620 km2, con 3,6 millones de habitantes pero que actualmente es la décima economía más poderosa del mundo. Ese es nuestro objetivo, para lo cual necesitamos tener infraestructura moderna. Al igual que Ecuador, solo tenemos costa en el Pacífico y en estos momentos estamos construyendo con los japoneses un puerto, el cual sería uno de los dos puertos que queremos que una el Atlántico (Puerto Cortés en Honduras) y el Pacífico (Puerto La Unión en El Salvador) y que El Salvador se convierta en estación de distribución, producción y transporte a nivel centroamericano y mundial para exportar a los EE.UU. pasando del Pacífico al Atlántico en aproximadamente 6 horas; ya sea a través de una carretera que ya está terminada en el lado hondureño o a través del Puerto Barrios de Guatemala en el Océano Atlántico. También hemos logrado posicionar a El Salvador como país con calificación de inversión, lo que lo hace elegible a los fondos de las cuentas del milenio como país de renta media baja. Estamos negociando con EE.UU. un paquete de 438 millones de dólares aproximadamente, con lo cual haremos una carretera transnacional que una El Salvador, Guatemala y Honduras, precisamente para concretizar la visión de que queremos ser, un país que no tenga fronteras y que pueda unir en algún momento el Pacífico con el Atlántico como una alternativa al Canal de Panamá. También hemos trabajado mucho en lo que respecta a la economía, conocimiento y proyecciones educativas, pues no solo necesitamos una economía moderna sino una educación que se adapte a lo que las grandes tendencias mundiales están demandando, y en este concepto el TLC es solo un elemento de esta visión de desarrollo. El TLC no es una imposición, no fue una ocurrencia de un científico en un ministerio en El Salvador, ni tampoco se le ocurrió a un presidente. Razones geopolíticas y de seguridad nacional fueron las que también motivaron a El Salvador a tomar esta decisión. Creemos que la única manera de ponerle un candado a nuestras reformas económicas, políticas y sociales, después de una guerra civil, de sufrir una agresión comunista y de tener una oposición que recibe órdenes desde Cuba, lo mejor es tener un mecanismo que nos permita no revertir todas las reformas económicas, políticas y sociales que hemos hecho en los últimos 20 años y que nos han costado sangre, dolor y lágrimas. Ya que no se vale que una oposición comunista venga y de repente revierta absolutamente todo lo que hemos avanzado. En ese sentido creemos que el TLC no solo promueve la libertad empresarial o individual, sino que también protege los derechos humanos y la estabilidad política, social y económica de El Salvador y de Centroamérica; y, en ese sentido, tiene coherencia y propósito para la seguridad nacional de la región. También existe un aspecto intangible, y es el hecho de la reforma institucional que el TLC impulsa. El TLC nos puede consolidar el Estado de Derecho, nos puede permitir que nadie esté por encima de la Ley. En nuestro caso, el TLC es un acuerdo internacional que prevalece sobre las leyes nacionales, mas no sobre la Constitución de la República y por ende genera un proceso de desarrollo y fortalecimiento institucional, de respeto de las leyes (lo cual es importantísimo para que las instituciones del Estado puedan jugar un rol complementario). Cabe indicar que El Salvador es el único país que participa (en este momento) en la operación de las coaliciones en Irak (con fuerzas militares), por lo que sí tenemos un alto sentido de alianza estratégica con los EE.UU. en materia de la condición de amigo y aliado especial y confiable de este país, no solamente en materia de seguridad, sino también en: narcotráfico, combate al crimen organizado, combate a las pandillas y la guerra al terrorismo. Cuando me preguntan ¿Por qué El Salvador es el único país de América Latina que tiene tropas en Irak? Yo pregunto ¿Cuántos salvadoreños van a morir en el próximo atentado terrorista en Washington DC? o ¿Cuántos salvadoreños van a morir si no hay mayores medidas de seguridad en los EE.UU.? o ¿Cuántos salvadoreños morirían en el próximo atentado terrorista en Nueva York? La seguridad de los EE.UU. es vital para nosotros, así como ser sus aliados, independientemente de que quién esté en la Casa Blanca sea republicano o demócrata, el TLC es un paso más para consolidar esa relación. El CAFTA promueve la integración centroamericana. Hay temas como la unión aduanera, como el reconocimiento de sistemas de inspección equivalentes sanitarias, libre transporte, entre otros, en los que los países de Centroamérica nunca nos hemos podido poner de acuerdo y tenemos un proceso de integración desde 1960. En casi 50 años de experiencia integracionista, hay temas en los que nunca habíamos avanzado; sin embargo, con el TLC nos hemos puesto de acuerdo y de una manera rápida; sino íbamos a terminar más integrados cada uno individualmente con los EE.UU. que entre nosotros mismos y el TLC ha sido el principal impulsor del proceso de integración económica en Centroamérica. Creo que sin TLC, sin la agenda impuesta, no estaríamos caminando a un paso tan acelerado como el que estamos caminando actualmente. Entonces, el TLC significa más integración entre los países. Las ventajas del CAFTA, lógicamente cualquier estimación es una subestimación de lo que puede ser un impacto del DR-CAFTA (el cual puede ser más a mediano y a largo plazo) pues existe una gran cantidad de factores que los modelos econométricos no son capaces de medir. En general, solamente el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y todos los “Think Tanks” de Washington que manejan datos y que “hacen hablar los números” en relación a lo que se está negociado en el TLC, han dicho básicamente que este acuerdo va a significar un impacto positivo en el PIB de Centroamérica y en caso específico de El Salvador entre el 1,5% y el 1,6% después de un año de vigencia del acuerdo. Los organismos financieros internacionales que han modelado esto en cualquier tipo de escenario que se les ocurra (con equilibrio parcial, total, etc.) manifiestan que las exportaciones salvadoreñas van a incrementarse en un 23% al primer año del TLC; que la pobreza extrema disminuirá en un 1,4% y la pobreza en general en un 1,6%. Lo más importante, es que en estos momentos, se ha generado un impacto inicial de aproximadamente 4.000 empleos y más de 250 millones de dólares en inversión extranjera directa, solamente como resultado de la expectativa de que el TLC va a entrar en vigencia el 1 de marzo del 2006. Las exportaciones que más se van a beneficiar de Centroamérica son básicamente las de textiles y confección, siendo El Salvador, Honduras y República Dominicana los principales exportadores en este hemisferio. También hay ganancias en el sector agrícola, la más importante es en el sector azucarero, donde la cuota azucarera de Centroamérica hacia los EE.UU. se duplica, lo cual casi nos cuesta el acuerdo. El Salvador ha identificado que las nuevas oportunidades del TLC tienen que ver con: maquila electrónica, autopartes y ensamble de piezas de automóviles, centros de distribución internacional, transporte, telecomunicaciones, carreteras, desarrollo turístico, servicios médicos y hospitalarios, agroindustria, valor agregado, genética, biotecnología, parques industriales, logísticos y tecnológicos. La riqueza de las oportunidades que va a generar el TLC no la puede captar ningún modelo econométrico. Sin embargo, cualquier congresista puede imponer una resolución en el Congreso de los EE.UU. o llevarla a discusión y decir que le va a quitar a algún país un esquema de preferencias unilaterales, simplemente porque no le gusta la ley laboral o por el riesgo a violaciones de la propiedad intelectual que podrían ocurrir en ese otro país. Por ejemplo, nosotros ya hemos estado es esa posición de estar en el Congreso de los EE.UU. y ante la Oficina de Negociaciones Comerciales defendiendo posiciones respecto a la Ley de Propiedad Intelectual de los EE.UU. o en el banquillo de los acusados sobre si nuestros países cumplen o no con los tratados fundamentales de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) en materia laboral. El TLC quita toda esa incertidumbre y toda esa discrecionalidad del medio y permite más predictibilidad y certidumbre a los sectores para poder tener negocios con un país como los EE.UU. La globalización, la creación de bloques económicos, las negociaciones comerciales de tratados de libre comercio, entre otras, son como un tren a 350 km por hora. Uno puede tener la opción de ponerse frente a ese tren y quererlo detener y la otra opción es ver de qué manera, creativamente, lo esperamos en la próxima estación para subirnos en él. A veces lo difícil de observar los debates en otros países acerca de liberalización, comercio, libertad económica o TLC’s, es que la mayoría de personas que participan en ellos parten del supuesto que se pueden parar frente a la vía férrea y detener un tren que viene a 350 km por hora. Quizás no es lo más inteligente. Pienso que Ecuador aún está en una posición que puede corregir su curso, desde el punto de vista de las negociaciones comerciales con EE.UU. El hecho de que Perú lo haya cerrado, pone a Ecuador en una situación de total desventaja, no solamente en la comunidad andina, sino también ante la región centroamericana o República Dominicana. Creo que su única oportunidad radica en tratar de cerrar un buen acuerdo con los EE.UU. Ecuador debería preguntarse si dentro de unos 5, 10, 15 o 20 años va a estar mejor o peor con un TLC. Rotundamente, creo que va a estar mejor con un TLC, pero esa decisión solo depende de sus ciudadanos. * Dr. René León, Embajador de El Salvador en Washington. Jefe Negociador del TLC entre El Salvador y EE.UU. Artículo publicado en revista MiPYMES Ene - Feb 2006. Año 4 #19. |