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Opinión


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Joyce de Ginatta

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La Dolarización para el Ecuador es ....
 

Fie Pymes

Federación Interamericana Empresarial

Promover el intercambio comercial entre las mipymes y el mercado mundial como estrategia de desarrollo y disminución de la pobreza.

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JOYCE DE GINATTA: LA LUCHA POR LA DOLARIZACIÓN

En septiembre de 1998, por primera vez en Ecuador se escuchó una voz que, oficial y públicamente, demandaba la adopción del sistema de Dolarización de la economía como la mejor alternativa para lograr la estabilidad de la economía, sentar las bases de un cambio radical en la mentalidad de los ecuatorianos y así alcanzar el tan ansiado desarrollo sostenible: esa voz fue de la ING. JOYCE HIGGINS DE GINATTA.

A partir de entonces se inició otra historia para el país, pues la Ing. Ginatta se propuso pasar al Ecuador del último puesto de Latinoamérica al primero. Se propuso lograr que en el exterior se comenzara a hablar de su país por cosas positivas y no solo por cosas negativas como cuando se lo comparaba con las economías más retrasadas del continente. Se propuso hacer renacer la esperanza por el inicio de la prosperidad para el 70% de los ecuatorianos que son jóvenes, dándoles estabilidad monetaria y cambiaría, para que existan reglas del juego limpias y a largo plazo, para volver a creer, para volver a crecer, para actuar en beneficio de las mayorías y no de los grupos, para acabar con la corrupción a través de eliminar la discrecionalidad. Iniciar la lucha para lograr todo esto valía la pena y sabía que esa lucha sería larga y dura, pero necesaria, urgente e imprescindible.

Hasta ese momento, todos los gobiernos habían administrado medidas coyunturales, que apenas sirvieron como paliativos contra el cáncer que corroía la economía del Ecuador. Como resultado de una elemental lógica, las mayorías abrumadoramente reclamaban para el país la necesidad de tomar drásticas medidas que cambiaran de modelo, pero nadie se atrevió a hacerlo por temor a perder sus índices de popularidad. Los líderes políticos, olvidando su responsabilidad de estadistas, permitieron por obra o por omisión que el deterioro de la economía afectara de manera grave a la estabilidad democrática y al poder adquisitivo de los ecuatorianos.

Antes de dar a luz la idea de la dolarización la Ing. Ginatta tenía muy claro que el objetivo de toda sociedad es alcanzar el mejor nivel de vida posible, lo que la llevó a pensar “esto no puede seguir, ¿cómo podemos hacer para lograr el beneficio de las mayorías, la democratización de la riqueza y la eliminación de la miseria?, porque aquello de que son los impuestos los que generan la redistribución de la riqueza son cuentos, lo sabía por su propia experiencia.

Como preámbulo de la dolarización; se puede citar como ejemplo los apagones que se iniciaron el 2 de febrero de 1992 durante la presidencia del Dr. Rodrigo Borja, y que dieron inicio a la profundización de la pobreza; o la veda que se dio a las privatizaciones en la época del Arq. Sixto Durán Ballén, con una oposición que rompía el cumplimiento de un plan económico basado en anclar el dólar y luego entrar a la privatización para atraer las inversiones y seguir reduciendo el desempleo sin aumentar impuestos y así dar paso a la reactivación económica. Sería tedioso también hablar de los detalles del bloqueo, de la entrega de las concesiones de la eléctrica Emelec, de la mala negociación del Ecuador en la inserción del Pacto Andino, de la lentitud de las decisiones del gobierno de turno para eliminar los monopolios y abrir la competencia. También se debe mencionar la situación que existía dentro del Banco Central que acostumbraba operar la “maquinita” de impresión de sucres para solucionar algunos problemas del Estado, en contra de los intereses del pueblo y contribuyendo a la inflación.

En la aplicación del plan económico del gobierno de Durán Ballén, las autoridades adoptaron la primera medida, anclar el tipo de cambio; mientras que la oposición les impidió implementar las demás, lo cual provocó que se disparen los intereses. En esos días la Ing. Ginatta dijo a la prensa, “si no se controlan los intereses, manejando bien la economía, vamos a iniciar el descalabro del sector productivo; porque no se pueden manejar tipos de interés del 60 ó 70%, con una inflación del 22%”. Lo que se estaba haciendo con la aplicación de esas medidas era transferir los patrimonios de las empresas hacia el sector especulativo. Hoy, mirando atrás en el tiempo se puede decir que esas palabras tuvieron un valor premonitorio. El Ecuador se volcó a inversiones especulativas y se olvidaron del sector productivo y de la economía real. En este momento se estaba incubando la crisis financiera y bancaria del país.

En Octubre de 1993 el vicepresidente de la República, Econ. Alberto Dahik prometió a los sectores empresariales medianos y pequeños su decidido apoyo, lo que debería traducirse en una lucha frontal contra las enfermedades que agobian a los sectores productivos. En forma pública manifestaba al país que nosotros teníamos que competir en igualdad de condiciones con las grandes empresas extranjeras, por eso se le recomendó al Vicepresidente, de forma reiterada, por parte de la Ing. Ginatta, que se acometiera en la disminución de los costos de los créditos. Al hacer un balance de ese año, la Ing. Ginatta dijo: “iniciamos el año 1993 sembrando esperanzas y estamos al final, cosechando tristezas”. En realidad, 1993 fue otro año perdido, uno más con un nuevo parche a la economía, por el cual se pretendió pasar la factura de la ineficiencia y de la corrupción a los empresarios y al pueblo ecuatoriano en general.

En junio de 1995, las tasas activas de interés se volvieron un escándalo, pues, superaron el 100% hasta ubicarse en un 120%. Según la explicación del Banco Central, esto se debía al retiro de 80 mil millones de sucres del mercado, dinero que la banca había destinado al pago de impuestos.

En octubre de 1995, cayó Alberto Dahik y con eso vinieron una serie de problemas, los que sumados a las altas tasas de interés y los apagones, promovieron más la economía especulativa.

Es importante rescatar que para la Ing. Ginatta desde 1995 su obsesión fue la reactivación económica, por eso en octubre de ese año durante el discurso que dirigió a los asistentes al VI Congreso Iberoamericano de Mujeres Empresarias, y al cual asistió el Vicepresidente Eduardo Peña (quien reemplazó a Dahik), dijo: “Existe una sola receta para sacar a este país de la pobreza extrema en que se encuentra. Y esta receta comprende: estabilidad macroeconómica, reducción del tamaño del Estado; desregulación, privatizaciones y desmonopolización de los fondos de pensiones donde hay casi todo por hacer por culpa de ambos poderes del Estado. Durante el conflicto del Cenepa, el Presidente se dijo: “ni un paso atrás”; desde esta Cámara en épocas de paz he repetido mil veces, “ni un paso atrás, miles de pasos adelante, porque si no nos movemos retrocedemos ya que los demás sí avanzan. Estamos retrocediendo señor vicepresidente, ¿por qué no se inician las privatizaciones en los sectores de la energía eléctrica, las telecomunicaciones?...”

Frente a este panorama era impostergable el que todos los sectores y todos los ecuatorianos depusiéramos nuestras discrepancias y aunáramos esfuerzos por sacar adelante al Ecuador: Por ello, después del conflicto la Ing. Ginatta convocó a los ex-presidentes a que hagan un plan macroeconómico a largo plazo para el país del siglo XXI. Ningún ex-presidente tomó en cuenta mi llamado, creo que uno de ellos expresó que le parecía muy buena la idea, pero nadie hizo nada. En lugar de sentirme fracasada, me sentí desafiada y tomando al toro por los cuernos decidí preparar con uno de los economistas asesores de la Cámara de la Pequeña Industria del Guayas (CAPIG) el gran plan económico “El Ecuador hacia el nuevo siglo y milenio (una propuesta para la acción, el desarrollo, la justicia y la equidad)”. El diseño de esta propuesta de un plan macroeconómico a largo plazo estuvo listo a fines de 1995, la lancé públicamente al país el 2 de enero de 1996 y pedí que por favor lo mejoraran.

Irónica situación: ese plan mereció la aprobación de todos los candidatos a la Presidencia de la República que también convocó en la CAPIG ese año 1996 para que presentaran sus planes de Gobierno, pero ninguno hizo nada por implementarlo, al menos como propuesta de campaña. Gana las elecciones Abdalá Bucarám, posesionándose en agosto de 1996 y dos meses más tarde propone la convertibilidad para ser iniciada a partir del mes de julio de 1997 con la tasa de conversión de S/. 4.000, hecho que si se hubiese realizado, hubiese sido factible, ya que en ese mes el tipo de cambio llegó a S/. 4.017.04 el dólar. Lejos de implementar la convertibilidad lo que sucedió fue que Bucarám fue derrocado el 7 de febrero de 1997, parte por los politiqueros de siempre, parte por la corrupción y las ofensas, parte porque la figura del vicepresidente siempre es desestabilizadora y parte porque lo que se quería lograr era hacer cambios estructurales, que muchos poderosos económicos y políticos no querían. Entró Fabián Alarcón a la palestra, colocado por ciertos politiqueros que lo que buscaban era un títere a quien manejar por 18 meses, craso error para el país. Lo único que cambió fue el color del maletín. De los robos “con cuchara” en la época de Bucarám, se cambiaron a los robos con champagne; y, así nuevamente año y medio perdido donde Alarcón llegó al poder con un tipo de cambio de S/. 3.738.53 por dólar aproximadamente para dejarlo en S/. 5.300,43 al 31 julio 31 de 1998. La consulta popular realizada por Alarcón fue para tratar de fortalecer su inconstitucionalidad. Sin embargo, nuevamente en 18 meses -que no pasó nada- un barril de petróleo de US$ 15,8, cuando entregó su período a Mahuad, era de US$ 9.94. Entró con una inflación de aproximadamente 34,20% y la entregó con una de 78,10%. En su época también, la producción petrolera se redujo a 101 millones de barriles.

Al inicio de 1998 la Ing. Ginatta ya tenía completamente estructurado el tema de la dolarización pero como estábamos en activa campaña política y todos decían, especialmente Mahuad, que tenían el plan de gobierno que nos llevaría a la prosperidad, retuvo el lanzamiento del plan económico -con la dolarización como eje- hasta ver que pasaba con el ganador de las elecciones. Posesionado Mahuad y al ver que era más de lo mismo, que solamente se dedicaba a lo que el denominaba “uno por uno” y sólo se enfocó a la negociación de la frontera y no pasaba nada en el tema económico; FUE UNA VEZ HECHA UNA ESTRATEGIA Y TÁCTICA DE IMPLEMENTACIÓN QUE EN SEPTIEMBRE DE 1998 CUANDO EL DÓLAR ESTABA A S/. 5.899,36 LA ING. GINATTA LANZÓ PÚBLICAMENTE LA IDEA DE LA DOLARIZACIÓN, dando como inicio de la misma con un tipo de cambio de S/. 8.000 por dólar para dar un colchón a los exportadores. Entre septiembre y diciembre la Ing. Ginatta estaba sola con esta idea revolucionaria, pero muy activa, hasta que el 21 de diciembre de 1998, como parte de la estrategia realizó el primer foro que se denominó “Rescate de la Economía Ecuatoriana 1ra. Parte: Dolarización total, convertibilidad, flotación absoluta o qué” con la participación del: Econ. Walter Spurrier, Ing. Jorge Gallardo Zavala, Econ. Alberto Dahik (vía microonda) y la Ing. Ginatta. El famoso “o qué” fue precisamente porque mucha gente está acostumbrada a participar, criticar, diagnosticar pero nunca dar soluciones. Para ese entonces ya estaban otros economistas apoyando la idea. Luego de este evento, para lo cual se convocó a la prensa y líderes de la sociedad civil, se pasó un poco más de un mes.

Excepto la persona de la Ing. Joyce Higgins de Ginatta, que se pronunció por la dolarización, Alberto Dahik lo hizo por la convertibilidad, Jorge Gallardo por la flotación total y Walter Spurrier, no se definió mayormente. El 30 de enero, a su vez participé en Quito en el grupo de CUSIN III “Consensos para la estabilidad económica del Ecuador”.

Foto1:

Participantes de la tercera reunión del grupo CUSIN.

El objetivo principal de este evento fue empujar a que la dirigencia política construya mayorías estables con un horizonte a largo plazo y asegurar una política que propicie el crecimiento sostenido de la economía, aumentar las posibilidades de empleo y bajar la inflación a un dígito. Exigíamos un compromiso de lograr inmediatamente el equilibrio de las finanzas públicas y mantenerlo en el largo plazo. La propuesta por lo tanto era:

  •  Adoptar una política de racionalización y eficiencia en todo el gasto público, el cual debe concentrarse especialmente en la inversión social.
  • Aplicar un sistema tributario eficiente y equitativo.
  • Eliminar el gasto público superflojo e innecesario.
  • Descentralizar recursos y responsabilidades como medio para desarrollar la participación ciudadana y una auténtica unidad y solidaridad nacional.
  • Reducir el servicio de la deuda externa a través de los mecanismos idóneos a fin de liberar recursos para el desarrollo.
  • Destinar el endeudamiento solo a la inversión pública y mantenerlo compatible con la capacidad de pago del país.
  • Enjuiciar y sancionar a los responsables de acciones delictivas y fraudulentas en asuntos bancarios, tributarios y de la administración del Estado.
  • Eliminar las exoneraciones arancelarias a todas las entidades públicas y privadas, eliminar la corrupción y mejorar la capacidad administrativa del Estado.
  • Recomendar que se expida un código impositivo que racionalice el sistema tributario nacional, municipal y seccional, en base de los principios de generalidad y equidad, y que sea un instrumento de distribución de la riqueza y descentralización de recursos.
  •  Reducir la brecha fiscal en un esfuerzo compartido entre el sector público y los contribuyentes. Por el lado de los ingresos mediante la eliminación de todas las exenciones al IVA.
  • Establecer las compensaciones focalizadas a los sectores de ingresos bajos e ingresos medios bajos. Igualmente, deben establecerse compensaciones automáticas a las instituciones del sector público, con el fin de no crear nuevas distorsiones financieras en este sector.
  • Toda información sobre tributos debe ser pública y de libre acceso.
  • La asignación de recursos públicos debe hacerse de forma tal, que la sociedad conozca sobre el destino de los mismos.
  • Los responsables de la gestión presupuestaria y de las entidades públicas deben rendir cuentas de su gestión. La ley fijará los plazos y mecanismos de información obligatoria y las sanciones en caso de incumplimiento.
  • El margen de discrecionalidad de los gastos por parte del Ministerio de Finanzas no debe sobrepasar el 2% de los gastos corrientes.
  • Ante variaciones no previstas de los ingresos corrientes superiores al 5%, el Ejecutivo deberá proponer al Congreso la solución de la situación. El Banco Central deberá emitir su opinión. Igual proceso deberá seguirse si se produce cambio de magnitud superior al 2% en el servicio de la deuda.

En el mismo enero, el primero que fue convencido por la Ing. Ginatta fue el Dr. Franklin López Buenaño, un hombre que al igual que ella, conoce el significado de la revolución de las ideas y del cambio; con lo que continuo a hablar del por qué dolarizar nuestra economía, que ya estaba no oficialmente dolarizada en un 70%.

La segunda parte del evento “Rescate de la Economía Ecuatoriana: Dolarización total, convertibilidad, flotación absoluta o qué” mismo, fue realizado el 1 y 2 de febrero. El primer día se contó con la participación del Dr. Carlos Alberto Montaner, Econ. Francisco Swett, Econ. Abelardo Pachano y la Ing. Ginatta; mientras que, en el segundo día participaron: el Econ. Carlos Julio Emanuel, Econ. Pablo Lucio Paredes, Dr. Franklin López Buenaño, Dr. Mauricio Torres y la Ing. Ginatta. En esos dos días, todos, menos el Econ. Abelardo Pachano se pronunciaron por la dolarización.

Posteriormente, el 8 y 9 de febrero, se efectuó el evento denominado “Modelo actual agotado, alternativas a seguir: dolarización, convertibilidad o qué” El primer día se contó con la participación del: Econ. Pablo Concha, Econ. Bruno Faidutti, Econ. Xavier Neira y la persona de la Ing. Ginatta; mientras que en el segundo día estuvieron el: Econ. César Robalino, Econ. Leonardo Vicuña y la Ing. Ginatta. Independientemente de estos eventos, la revista que editaba la Cámara, dedicaba muchas de sus páginas y editoriales al tema de la dolarización. Toda entrevista o conferencia era aprovechada para explicar el motivo de este nuevo sistema, como se puede observar en el Editorial de la Revista PYMES del Año 1 No. 1, correspondiente a Enero-Febrero de 1999, misma que consta a continuación:

La actual situación del país es altamente preocupante; la brecha fiscal aumenta en lugar de reducirse; el gasto público es alarmante; la burocracia continúa consumiendo gran parte de los ingresos del Estado; el sistema financiero pugna por sobrevivir; el desempleo y la delincuencia han alcanzado niveles aterradores. Las circunstancias descritas no son otra cosa que la planilla que la nación debe pagar ante una serie de políticas equivocadas e inconsistentes de los gobiernos de turno, como resultado de que lastimosamente en este país se hace “lo que dejan de hacer” y no “lo que se debe de hacer”.

Resulta incomprensible que este país dotado de condiciones naturales envidiables en relación con otros, esté atravesando por momentos tan duros, y lo que resulta más incomprensible aún es que no se vislumbre una solución a los mismos, debido a que todavía no permiten establecer una estrategia adecuada que origine la rehabilitación de las caducas estructuras sobre las que se levanta el país.

Es imperativo cambiar el esquema macroeconómico vigente, ya que el mismo está agotado, rescatando de esta forma la fe pública del país. Nuestra institución en su afán de aportar con ideas tendientes a remediar la crisis que vivimos hoy en día, propone un esquema aplicable que es la dolarización total de la economía, utilizando como ejemplo el modelo económico panameño. Es hora de reemplazar el sistema de “parches” por otro que precisamente contrarreste uno de nuestros principales problemas como es la constante incertidumbre en todos los ámbitos; creemos que con la dolarización total se conseguirá este objetivo.

Nuestra Cámara sigue confiando en el país y piensa que el mismo puede salir adelante si se toman los correctivos a tiempo. No perdamos la esperanza; meditemos acerca de propuestas como la nuestra, dejando a un lado discrepancias de tipo político e ideológico y tengamos siempre presente que de nuestras decisiones, depende el futuro de nuestros hijos y demás seres queridos. ¡Con nuestro trabajo bien encaminado y la ayuda de Dios saldremos adelante!.

A fines febrero, el presidente Mahuad nos convocó a Quito con la finalidad de convencernos del incremento del IVA, lo cual nos opusimos. Al regreso de Quito nos esperaba una reunión con los  miembros de la Fundación Mediterráneo (Argentina), donde nos proponían congelar los fondos e irnos a la convertibilidad. La repuesta de la Ing. Ginatta fue “nunca a la convertibilidad, si a la dolarización” porque la convertibilidad tiene un camino de regreso y la dolarización NO. Estos señores fueron traídos por un banquero cercano a Mahuad. Luego de la reunión los argentinos con el banquero, fueron a Quito y junto con Ana Lucía Armijos mantuvieron reuniones.

Y LLEGÒ EL 8 DE MARZO DE 1999

Impulsado por el banquero, el ex presidente Jamil Mahuad Witt, mediante la firma del Decreto Ejecutivo No. 685 de marzo de 1999, cometió el más grande atropello contra la democracia y los derechos civiles y rompiendo todo esquema de ética, justicia y equidad, dispuso el congelamiento de los depósitos en el sistema financiero y el feriado bancario. Ello fue una derivación de una receta implementada a medias de la propuesta efectuada por el equipo de asesores argentinos. Para ellos, el congelamiento debía durar dos días, e inmediatamente proceder a aplicar la convertibilidad. Pero Mahuad optó por el feriado bancario, el congelamiento de los depósitos a plazo y a la vista, y nada más.

Uno de los devastadores efectos de estas medidas, fue el cierre inmediato de 350 empresas. La descabellada medida económica, sencillamente había provocado el colapso empresarial. Sin embargo, la pasividad del pueblo ecuatoriano y la complicidad de los grandes ganadores del feriado bancario, permitieron el más grande robo del patrimonio de la ciudadanía que haya existido en la historia del Ecuador. En la práctica, el presidente pasó la factura del mal manejo del sistema financiero del país a los menos culpables: los depositantes.

Era lógico que en los primeros días, tras la expedición de estas medidas, la inestabilidad económica (inflación galopante, la devaluación, el repunte de las tasas de interés, la especulación) presente hasta ese momento se revirtiera, pues la inflación se produce cuando existe un exceso de circulante sin respaldo de la producción; pero cuando se le aplica un freno al torrente monetario, como se hizo con el congelamiento, ocurre lo contrario, se paraliza al mercado ya que sin dinero no hay consumo y por ende los precios caen. Pero como contraparte cae la producción, pues las industrias no tienen a quien ofrecer su producción. Y para enfrentar la reducción de los ingresos, las empresas reducen las fuentes de trabajo.

En esas condiciones no hay movimiento económico y por lo tanto se controla la inflación, pero a costillas del estómago de los habitantes. Claro, porque en el cementerio la inflación es cero. Fue en el marco de ese escenario cuando la Ing. Ginatta se declaró airadamente contra estas medidas y señaló que se atentó contra el pueblo y contra el sistema democrático del Ecuador.

A partir de ese momento, empezó a insistir con mayor énfasis en la DOLARIZACIÓN como el único esquema que salvaría la economía del país del caos que se había generado. El 26 de abril la Ing. Ginatta realizó el foro titulado “Descongelamiento de fondos vía dolarización y pasos para una dolarización inmediata”, mismo que contó con la participación del: Dr. Franklin López Buenaño, Econ. Francisco Swett, Dr. Carlos Julio Emanuel, Econ. Francisco Zalles y la Ing. Ginatta.

Pero el Gobierno se hizo de los oídos sordos. Luego del primer efecto sorpresa, la cotización del dólar volvió a subir a pesar de tenerlo represado a través del hambre de la gente que no podía comer ni comprar nada porque no tenía el dinero para hacerlo. En diciembre de 1999 llegó a venderse a más de 18.000 sucres y en enero de 2000 a 25.000. Así mismo, los ecuatorianos no podían acceder a atención médica o comprar medicinas porque no había el dinero suficiente. Los precios de los bienes y servicios también estaban por los cielos. Pese a que los sueldos se recibían en sucres, los propietarios de locales comerciales habían comenzado a colocar los precios de los productos en dólares. En general, insisto, la población se encontraba paralizada, atada de manos. Este escenario favoreció la especulación de muchos tipos, tanto financiera como de productos y servicios. El presidente, Jamil Mahuad; la ministra de Finanzas, Ana Lucía Armijos; y el directorio del Banco Central se dedicaron a favorecer un Súper Casino. Quisiera saber quiénes se enriquecieron con los movimientos del ex Instituto Emisor. En la medida que mucha gente perdió su patrimonio, con las lágrimas de estas víctimas inocentes, se enriquecieron algunos individuos e instituciones que aprovecharon el momento como hienas hambrientas. De febrero de 1999 a enero del 2000 le quitaron a la gente el 60% de su patrimonio. De ese 60%, 50,90% fue sustraído entre noviembre 12 y enero.

De manera previa, el 8 de abril de 1999, las cámaras de la producción de Guayaquil dirigieron una gran marcha para reclamar al Gobierno los cambios fundamentales que se tenían que hacer para sacar a los ecuatorianos de la tragedia en que nos encontrábamos. La llamamos “Marcha del Crespón Negro” porque portábamos una cinta de color negro en señal de duelo por el congelamiento de los fondos y de la inacción del presidente Mahuad para sacar a la población adelante. Por primera vez en la historia del Ecuador 150.000 personas marchamos en forma cívica y pacífica por la principal calle de la ciudad de Guayaquil hacia la Gobernación para reclamar lo que la Ing. Ginatta denominó las 7 coherencias. En ellas, lamentablemente, no pudo poner la dolarización porque otros presidentes de los gremios empresariales no aceptaron la revolucionaria idea. Tuvo que allanarse por obvias razones, pero ese crespón, que los demás se quitaron después de la marcha, decidió conservarlo hasta que se hagan los grandes cambios.

Reproducción total del artículo publicado en la Revista PYMES del Año 1 No. 2, correspondiente a Marzo-Abril de 1999.

“MARCHA DE LOS CRESPONES”: EVIDENTE NECESIDAD DE UN CAMBIO

Antecedentes

Habiendo transcurrido siete meses desde que el actual gobierno asumió los destinos del país, el panorama económico y social del mismo se tornaba cada vez más alarmante. El Estado continuaba albergando y alimentando en su seno a una burocracia en su mayor parte ineficiente, la misma que consumía buena parte de sus cada vez más escuálidos ingresos. A pesar de haberse llegado a un acuerdo de paz definitiva con el Perú, el país seguía sin despegar. La empresa privada, la misma que históricamente ha generado riqueza a la nación, se encontraba prácticamente paralizada, habiéndose visto algunos empresarios en la obligación de cerrar sus respectivos negocios y otros, en el mejor de los casos, a reducir gastos y personal al máximo. Como consecuencia de lo anterior, el desempleo creció drásticamente y a su vez los índices delictivos también se dispararon. La recesión que vivimos llegó a su punto cumbre, cuando adicionalmente a todos los problemas existentes, el 14 de marzo del presente año, se dicta el Decreto Ejecutivo No. 685 por medio del cual se introdujo al país en el “congelador”, mediante la reprogramación/congelación de los depósitos que mantenían los ecuatorianos en las instituciones del sistema financiero nacional. Tan graves han sido las consecuencias de estas medidas que ni el sector exportador se salvó de ser afectado, al no poder disponer repentinamente de sus capitales operativos. Ante todo este alboroto interno, el Gobierno Nacional sostenía que las medidas adoptadas en forma general eran absolutamente necesarias para el país, aduciendo adicionalmente que era imprescindible el poder contar con un presupuesto ciento por ciento financiado y nivelado. Fueron algunas las reuniones y diálogos que se dieron entre las autoridades gubernamentales y los representantes de los Sectores Productivos de la Costa, en las cuales lastimosamente, no se llegó a un consenso final, principalmente por el hecho de que se insistía en que las soluciones al país no se darían mediante la simple creación o elevación de tributos, sino que por el contrario, si bien es cierto que la parte tributaria era importante, era imprescindible la adopción de un nuevo modelo económico, en vista de que el actual había colapsado.

 LAS SIETE COHERENCIAS:

  1. La devolución de los fondos congelados.
  2. La descentralización.
  3. La reconstrucción de la Costa.
  4. La reactivación del sector productivo.
  5. La modernización y reducción del tamaño del Estado.
  6. La reestructuración de la deuda externa.
  7. Freno al abuso de los precios de los combustibles.

Conclusión: La “Marcha de los Crespones” que se caracterizó por el civismo y patriotismo de todos aquellos ciudadanos que en ella intervinieron, constituyó un hecho histórico para la ciudad y el país, pues representó una voz de protesta contra el gobierno por la demora en la toma de decisiones urgentes. Los sectores productivos de la costa permaneceremos vigilantes de las acciones del gobierno y no claudicaremos en nuestros ideales. La lucha recién empieza.

 Foto 3: Titulares de la Marcha de los crespones negros: 

Posteriormente, para el 28 y 29 de junio de 1999, la Ing. Ginatta convocó al Primer Congreso de la Pequeña y Mediana Industria de Guayaquil, en el Hotel Hilton Colón. Allí presentó, en conjunto con el Dr. Franklin López, catedrático de la Universidad de Nueva Orleáns y miembro del Foro Económico, en pro de la dolarización de la economía ecuatoriana, y en nombre de la Cámara de la Pequeña Industria del Guayas (CAPIG), de la que era Presidenta, todo un Plan Económico integral, en el que explicaba en detalle todo lo que había que hacer para remediar la crisis. Los expositores extranjeros de ese Congreso fueron el Dr. Álvaro Vargas Llosa, novelista y analista peruano; Dr. Gerardo Bongiovanni, presidente de la Fundación Libertad de Argentina; Dr. Lawrence Harrison, catedrático de la Universidad de Harvard; Lcda. Rina Sanchinelli, directora filosófica de la Unión Solidarista Guatemalteca y directora Ejecutiva del Consejo Interamericano Solidarista; Ing. José María Oscoz, director Iberoamericano del Departamento Operativo Internacional de Mondragón; Dr. José Cordeiro, analista económico venezolano.

Naturalmente el esquema macro del encuentro fue la dolarización. Manteniendo el criterio de otorgar un espacio a los exportadores, en el Plan Económico se proponía que el dólar tuviera una cotización de 15.000 sucres, ese sería el tipo de cambio de la conversión del sistema.

Luego, el 21 de septiembre de 1999, en un seminario debate, organizado por la CAPIG en los salones del Hotel Hilton Colón, se analizó nuevamente la dolarización oficial de la economía, sus beneficios e implicaciones. El evento contó con tres expertos internacionales: Martin Krause, catedrático de economía de la Universidad de Buenos Aires, Argentina; Carlos Leal, director de programación de Economía de TV. Azteca de México y Alejandro Sucre de Venezuela, articulista de El Universal de Caracas, del Wall Street Journal y de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE).

Hasta ese momento ya habían cerrado sus puertas varios bancos y otros estaban en camino de cerrarlas. Ese era otro argumento que apuntalaba la necesidad de la dolarización. “si no se dolariza, todo el sistema financiero del país puede colapsar”.

 ¡RECUPEREMOS LA MEMORIA!  1999: ECUADOR EN EL HOYO

Con el propósito de frenar la escalada del dólar, durante el primer trimestre de 1999, el Banco Central drenó los recursos de la Reserva Monetaria Internacional, en las denominadas Operaciones de Mercado Abierto. A tal punto, que entre diciembre de 1998 y el mismo mes de 1999 se redujo de 1.697 millones de dólares a 1.275 millones de dólares. Ello no funcionó pues el precio estaba presionado por la desconfianza de los agentes económicos en el Gobierno, que no aplicaba un programa macroeconómico integral. De ahí, que el 12 de febrero, el Banco Central resolvió permitir la flotación de la divisa con el propósito de impedir que el desangre de la RMI prosiga. La situación se calmó momentáneamente. Pero luego, las presiones sobre el dólar reaparecieron. En esta oportunidad, el instrumento utilizado para intentar controlar al “caballo desbocado” del dólar fue la tasa de interés interbancaria, que fue llevada hasta en 200 por ciento en determinados días de diciembre de 1999. Pero el dólar siguió subiendo. Su precio que a fines de 1998 estaba en S/. 6.592,90 pasó a 18.205,77 en diciembre de 1999 y en enero de 2000 cerró a un promedio de 23.505, aunque en determinados momentos se comercializó a 30.000 sucres. Como consecuencia de la semiparalización del aparato productivo, el PIB se derrumbó a 6,3%. 

En 1998, de un PIB de US$ 23,255 millones cayó al inicio del 2000 a US$ 15,934 millones. Las exportaciones no petroleras también cayeron de US$ 3,280.1 millones a US$ 2,484.2 millones. El desempleo creció a cerca del 20%. Cabe recalcar, que para 1999 la economía ecuatoriana estaba dolarizada -no oficialmente- en un 70%. 

Durante todo el año 1999 la Ing. Ginatta se dedicó a entregar documentos técnicos a los medios de comunicación para que la ciudadanía estuviera informada y supiera de los argumentos en los que basaba su propuesta de dolarización. También apeló a los líderes de todos, o de casi todos, los partidos políticos para exponer su tesis, así como a prestigiosos economistas nacionales y extranjeros.

 LA REALIDAD DE ECUADOR EN EL NEFASTO 1999

De julio a septiembre de 1999, por no dolarizar, la maquinita de hacer billetes había trabajado sin descanso y a todo vapor; lo que degeneró el valor de la moneda provocando, entre noviembre y diciembre (es decir en apenas dos meses), una devaluación del 100%. Recordemos que a principios de noviembre de 1999, la cotización del dólar era de 12.000 sucres, y a finales de diciembre y principios de enero ese valor alcanzó casi los 25.000 sucres. Un trabajador que ganaba en dólares, nunca antes hubiera tenido la oportunidad de vivir gratis, este era mi caso; mientras que los que ganaban en sucres nunca antes habían sentido el hambre como en aquellos días. Los sueldos o salarios en sucres se vieron disminuidos gravemente y la capacidad adquisitiva de los trabajadores se desintegraba.

Apenas iniciado el año 2000, para evitar su derrocamiento y presionado por la situación económica que era intolerable y definitivamente fuera de su control, EL 9 DE ENERO EN CADENA NACIONAL DE RADIO Y TELEVISIÓN, EL EX-PRESIDENTE DR. JAMIL MAHUAD ANUNCIÓ LA DECISIÓN DE SU GOBIERNO DE IMPLEMENTAR EL SISTEMA DE LA DOLARIZACIÓN.

 Varios sectores aplaudieron sin reserva la medida, mientras otros la criticaron. Para los primeros, la dolarización venía a salvar la economía del país y el poder adquisitivo de los ecuatorianos; mientras que para los segundos, al desaparecer el sucre como símbolo de la moneda nacional y adoptar el dólar, el Ecuador perdía su soberanía y se sometía voluntariamente a otro país. En el fondo las personas que se oponían sabían que se les acababa la fiesta, la feria de imprimir billetes. Para otros, que se manifestaban en contra, la medida significaba dejar de ganar en dólares y gastar cada vez menos en un sucre que no valía, es decir vivir gratis. Así mismo, otros veían afectado su negocio de hacer uso de un poder político respaldado por favorecer huelgas, protestas, paros y otras muestras radicales que solo lograban incrementar la cotización del dólar cada vez más, empobrecer más a la población, y por lo tanto era una medida coactiva a los gobiernos de turno.

 Al día siguiente del anuncio gubernamental, en un canal de televisión de la ciudad de Guayaquil la Ing. Ginatta dijo: “Aunque tarde, el Gobierno adoptó el sistema de la dolarización a un tipo de cambio de 25.000 sucres, lo que nos deja un sabor agridulce. Si bien la utilización del dólar significa un cambio positivo, no nos deja de molestar el hecho de que se lo haya hecho con tanta demora y en medio de un país convulsionado”.

 Era una pena que la medida se tomara de esa forma, bajo presión, con un Gobierno totalmente desmoralizado, corrupto y sin credibilidad. Una buena medida, tomada en un mal momento hacía un poco más difícil su puesta en marcha.

 n sus declaraciones apuntaba a la necesidad del apoyo que todos debíamos otorgar a la dolarización: “los políticos, los burócratas, la empresa privada, los militares, la Iglesia, todos tenemos que empujar esta carreta”. Su llamado no era para defender al Gobierno sino a la decisión de dolarizar la economía porque por fin se había entendido que había que marchar hacia el futuro y no quedarse contemplando el pasado. La ventana para construir un nuevo país se empezaba a abrir.

 El 13 de enero del 2000 decidí quitarme el crespón negro, que durante 9 meses porté en señal de protesta contra la conducción económica del país, para lucir el tricolor nacional como apoyo a la dolarización de la economía.

Sin embargo, una vez realizado el anuncio, el Gobierno poco o nada hizo por implementar otras medidas necesarias y complementarias que le hubieran otorgado solidez a la dolarización. Uno de los mayores errores al momento de dolarizar la economía fue no dejar flotar el valor del dólar, en lugar de plantear la dolarización con una cotización fija de 25.000 sucres. Los precios en el mercado habían descendido a entre 13.000 y 15.000 sucres a esas alturas. Algo que es importante remarcar es que el Presidente en un último pago de favores o regalo para los banqueros, les otorgó una última devaluación; es decir, trepó automáticamente el valor del dólar hasta los 25.000 sucres, mientras que el valor real de la moneda estadounidense en esos momentos era de 15.000 sucres. Un obsequio de 10.000 sucres por cada dólar. Otra vez, la planilla la tuvimos que pagar los ecuatorianos durante todo el año 2000; más inflación y especulación. Los precios se incrementaron en forma desbordante, en parte por la justa recuperación necesaria por la crisis del sucre, pero también pesó  la ceguera y ambición de algunos empresarios.

 * Extracto del CAPII: La Lucha por la Dolarización, del libro aún no publicado de la Ing. Joyce Higgins de Ginatta.